miércoles, 6 de octubre de 2010

NOS HABIAMOS AMADO TANTO

5. C’ERAVAMO TANTO AMATI





FICHA TÉCNICA

TITULO ORIGINAL C'eravamo tanto amati

AÑO 1974

DURACIÓN 124 min.

PAÍS ITALIA

DIRECTOR Ettore Scola

GUIÓN Ettore Scola, Age, Scarpelli

MÚSICA Armando Trovajoli

FOTOGRAFÍA Claudio Cirillo

REPARTO Nino Manfredi, Vittorio Gassman, Stefania Sandrelli, Stefano Satta Flores, Giovanna Ralli, Aldo Fabrizi, Mike Bongiorno, Federico Fellini, Marcello Mastroianni, Vittorio De Sica, Nello Meniconi, Guidarino Guidi

COMENTARIOS

Nos habíamos amado tanto es la historia de tres amigos, ex combatientes, que se reencuentran después de muchos años tras los diversos caminos elegidos. Pero comentado de esta manera no despierta mucho interés, lo genial es ver de qué manera Ettore Scola (La Cena, La familia) decide contar lo sucedido con cada uno y las consecuencias de sus actos. Gianni (Vittorio Gassman), Antonio (Nino Manfredi), Nicola (Stefano Satta Flores) y Luciana (Stefania Sandrelli) son los protagonistas. ¿Cómo nace su historia? Scola nos sorprende empezando por el final y mediante un flashback contarla, utilizando el recurso del blanco y negro para dar sensación de pasado, y la voz de Antonio para relatar lo que está sucediendo. Los tres combatieron al nazismo y fueron partícipes de la Italia de la posguerra con nuevos ideales y una forma distinta de ver el mundo. El film se basa principalmente en eso.

Cómo a través de los años, con decisiones equivocadas o con golpes impensados, cada uno de ellos (que se amaban) terminará olvidando sus anhelos y esperanzas, peleando por el amor de una mujer, e irán poco a poco sucumbiendo ante un aparato tremendo y poderoso que es el conformismo.

Una frase brutal dicha por Gianni hacia el final de la película lo resume perfectamente: "Íbamos a cambiar el mundo, pero el mundo nos cambió a nosotros". La musicalización es maravillosa y las actuaciones descollantes, con un Nino Manfredi fantástico. Pasional, tierno, melancólico.

El director también homenajea al cine italiano con apariciones de Federico Fellini y Marcelo Mastroianni representando la filmación de otro clásico "La Dolce Vita" y Vittorio De Sica hablando frente a un auditorio.

Es un film que invita al espectador a reflexionar por lo perdido, pero de ninguna manera lo deja al margen de la temática que trata y ahí está el porqué de la magia que transmite. (1)


Es mi preferida, inolvidable, entrañable y querida como una compañera amante, por que cada vez que la especto es una nueva revelación, un nuevo encuentro conmigo mismo (es el único film en mi existencia que he llegado a repetir ocho veces), gracias a Scola pude reformular mi existencia, aún recuerdo como sus imágenes y sus contenidos, los encuadres, la música maravillosa, las técnicas cinematográficas, las actuaciones, en síntesis la película impregnó mi mente y mis sentidos y me ayudó a transitar del marxismo-leninismo al humanismo comprometido (sintetizado con ese demoledor apotegma: Íbamos a cambiar el mundo, pero fue el mundo el que nos cambio a nosotros), limo mis ásperas intolerancias y me demostró que la realidad no es sólo impredecible sino hermosa, que vale la pena vivirla intensamente, que todo cuanto en ella nos ocurre, amores y traiciones, amistades y pérdidas, viajes y revelaciones, constituyen una especie de líquido amniótico que nos nutre y nos ilumina, nos proyecta y reconstruye permanentemente, entonces rodeados y rodeantes constituimos uno con el universo, somos ese colectivo denominado Homo Sapiens y también esa persona que nos llena e identifica... a pesar de nuestros errores.

Recordemos las comentadas técnicas de reiteración de la secuencia y multiplicidad de puntos de vistos, allí Scola prefiguraba la teoría hologramática de Pribram y la fractalidad de Benoit Mandelbrojd (como ocurre con frecuencia en el arte, la intuición sensible del mundo captada por el artista trazaba rutas que después la ciencia recorrería) combinándola con la historia nacional (la caída de la monarquía) y mundial (los partisanos tendiendo emboscadas a la Wehrmacht), con la historia del cine (la reconstruida escena de LA DOLCE VITA con presencia de Federico Fellini y Marcelo Mastroianni o la exposición de Vittorio De Sica) y la biografía de los personajes, en un prodigioso fresco, magnífico y potente, como pocas veces he vuelto a sentir complacido en la oscuridad de la sala. Colocaba a su servicio raccontos y flasbacks, blanco y negro que cambiaba a color el mismo año en que se introducía en Italia su uso, empezaba por el final y se dedicaba a regresar una u otra vez sobre las relaciones de los tres amigos varones (Antonio, Gianni, Nicola) con Luciana, esa estupenda hembra para enriquecer el relato, diversificarlo y densificarlo, para decirnos que tenemos que asumir nuestras decisiones sin importar lo inesperado, que en cada bifurcación nos dejamos jirones de alma pero que simultáneamente incorporamos otros fragmentos que nos reconstituyen y alientan.

Tengo que confesar algo, que me emociona hasta el llanto tan sólo escribir sobre su magia, es como una entidad con vida propia, quizás por esa cualidad de mostrarnos mientras nos integra, en ninguna de las ocasiones en que la enfrente en la pantalla mi garganta ha dejado de agarrotarse y mis ojos cuajarse de lágrimas, no he quedado sin enfurecerme ni alegrarme, enamorarme de Stefania Sandrelli y acompañar en su periplo tragicómico a Nino Manfredi y a Stefanno Satta-Flores, y también de enarbolar mi desprecio por el burgués exquisitamente representado por ese divo llamado Vittorio Gassman. Deviene así la película en un discurso infinito, en un encuentro interminable y delicioso, es como postula Borges, en cada palabra, en cada acto, en cada filme, estaría contenido el cosmos, pero en algunos se manifiesta palmariamente para develarnos caminos mientras en otros se conforma con la opacidad. NOS HABÍAMOS AMADO TANTO es definitivamente de aquellas que dejan huella, que trastornan y transforman. (2)


El italiano Ettore Scola formó parte de aquella generación de cineastas que ganaron notoriedad como recambio de los grandes y personales autores que dominaron el panorama del cine de autor en el país del mediterráneo. Pero el suyo ha sido un cine definido por la gran tradición social y humorística que cineastas como Dino Risi o Mario Monicelli hicieron en los 50 y 60. De esa gran tradición y estilo dio cuenta con esta emblemática cinta, homenaje mayor a ese mundo de sueños y su tránsito por el convulsivo cambio de épocas. A través de la historia entrañable y ocurrente de tres amigos es que la película nos transporta por la historia de la Italia moderna y de su cine tan identificable como pocos. Extraordinaria crónica de tono nostálgico en la que el tránsito del aprendizaje, los ideales y la madurez son representación y celebración misma de sus estrellas Vittorio Gassman y Nino Manfredi en la plenitud de sus talentos y que fueron testigos de aquellas décadas de apogeo, aunque no hay que dejar de lado a los recién emergentes en ese momento Stefano Satta flores y la bella Stefania Sandrelli, que resultan tan inolvidables como el par de monstruos. Inspirado como muy pocas veces antes y después, Scola nos transporta por un viaje de conocimiento y transformación tan fascinante como las más exigentes cintas de Visconti y Bertolucci de aquellos años sólo que más divertido.

Gianni, Antonio y Nicola son los tres camaradas protagonistas de esta historia. Un encuentro en tiempo presente será el raudo y desconcertante momento (como preparándonos para una película de ritmo incesante) a partir del cual conoceremos sus particulares historias desde los agitados días de la Segunda Guerra, pasando por sus encuentros y desencuentros a través de los años. Son personajes delineados como representantes cada cual de un segmento de la sociedad. Gianni es el abogado, profesional pujante y arribista, Antonio es el despreocupado, sencillo y bonachón; y Nicola será el intelectual fiel a las causas e ideales, inconforme y disgustado (convertido por añadidura y afición en crítico de cine). Tal diferencia dejará de ser tal con la aparición angelical de la bella Luciana. Este tránsito vital le sirve a Scola para crear un notable ejercicio del género que más le fascina, a la vez que simbolizar la rápida y desmedida transformación de su país. Pocas películas tan conscientes de los códigos en los que se asienta su estilo pero que a la vez los consigue plasmar en toda su esencia y con una lucidez sorprendente.

Su mágico y personal viaje en Italia se abre como un largo racconto hacia las épocas del neorrealismo. El fin de la guerra y la gran crisis de la reconstrucción en todo su blanco y negro y sus escenarios populares son los testigos de la ilusionada juventud de los personajes quienes se las arreglan para mantener con vida sus sueños (como los del esperanzado país). Entre el amor y humor transita la historia que con imaginación singular y ritmo casi musical nos da cuenta del trébol que se abre dejando a cada cual por su propio rumbo. El abanico de colores se abre milagrosamente ante nosotros para transportarnos a la época de la bonanza económica, la época de los grandes autores y la sofisticación de la vida y sus vericuetos. El juego no desmaya como tampoco las ilusiones en dura batalla de sus ya maduros héroes quienes a su manera se han atrincherado en su propio segmento social. Nicola sigue aún viviendo en los ideales y su mundo a costa de las más terribles decepciones de cinéfilo (el concurso televisivo y la pregunta fatal); Antonio, sencillo y soñador, y sus encuentros fugaces con Luciana (en medio de la estrafalaria y barroca efervescencia felliniana); pero es Gianni el que guarda los atisbos de la gran tragedia en medio del gran show de la vida floreciente.

Gianni convertido a espaldas de sus compañeros idealistas en la representación misma del poderoso mecanismo del poder y el arrollador capitalismo de la cada vez más próspera Italia ajena a sus días de partisano. Ahora miembro (y dictatorial cabeza) de la familia del renombrado Don Romolo (Aldo Fabrizi) solo le queda recordar aquellas ingenuas emociones de las cuales contradictoriamente siente que se supo zafar a tiempo tanto como lo hace odiarse a sí mismo. Scola se da un respiro para acercarse con mirada seria a la naciente ultraderecha (resurgimiento del fascismo). Totalmente desatento no solo a las mayorías sino también a su propio mundo familiar de triste y apagada existencia representada por su mujer Elide, el patito feo convertido en cisne (no es casual su reflexión alrededor de L’eclisse de Antonioni y el gran tema de la incomunicación). Pero ni aún así Scola cae en lo sombrío, al cual sortea con gran talento en medio de su baile en la pista del tiempo y los géneros. La secuencia en el depósito de chatarra debe ser uno de los momentos más emotivos y notables de los muchos que hay en esta película perfecta. La era de la bonanza ha entrado y todo lo que llega con él debe ser asumida, incluida las mafias. No muy lejana, después de todo, a los adoloridos gritos de Pasolini.

Momento para el encuentro final, para la desencantada madurez de los camaradas (mosqueteros como los que le regaló Gianni a la torpe Elide). Noche de reflexión ante el camino recorrido, aquel futuro del cual el afortunado Gianni afirma “que ya pasó y ni cuenta nos dimos”. Queda el sabor agridulce que provocan los reencuentros y las despedidas con la misma intensidad para terminar, como debía de ser, en el principio del viaje. Heredero de una tradición y casta tan eufórica y sentimental Scola no podía dejarnos de otra manera y con la sensación de haber presenciado un encuentro íntimo con el cine de ilusiones como la de estos tres compañeros en una sola y añeja imagen abrazados revoloteando en la nieve y unidos por una sola causa indiferente al mañana que tanto esperaron y que pasó como estrella fugaz. Tributo sublime a su tradición cinematográfica concebido de manera tan irrepetible como inolvidable. Un clásico. (3)


 
La amistad entre los hombres es una unión que se mantiene inalterable a lo largo del tiempo, pero ésta puede sufrir algunos embates cuando una mujer se interpone entre ellos. Nos habíamos amado tanto es la historia de tres amigos que se reencuentran luego de varios años de transitar caminos diversos.

Ettore Scola, el director, comienza el relato del film por el final, en donde se puede observar a los protagonistas. Mediante un flashback, irá narrando lo sucedido entre ellos hasta llegar a ese momento. El director logra crear el clima adecuado, sitúa al espectador con las imágenes utilizando como recurso el blanco y negro para dar la sensación de pasado. A medida que avanza el relato, el color vuelve a formar parte de la película hasta el final.

Antonio, interpretado por Nino Manfredi, es la voz elegida para llevar adelante la historia, en su personaje se centran los encuentros y desencuentros que se dan entre los protagonistas. Debido a su labor como enfermero en un hospital de la ciudad de Roma, conoce a Luciana, de la cual se enamora perdidamente.

El romance entre ellos se complica cuando Luciana conoce a Gianni, un abogado mediocre, quien busca desesperadamente salir de la situación en la que se encuentra. Interpretado por Vittorio Gassman, Gianni no puede controlar la pasión que siente por la mujer de su amigo y comienzan a vivir un romance, lo que hará que la amistad con Antonio comience a caerse a pedazos.

Nicola, era el otro de los amigos que combatieron contra los nazis, éste era un apasionado del cine italiano, lo que le costó su trabajo y partir hacia Roma en busca de un futuro mejor para él y su familia. Para ello recurre a Antonio, quien le brindará la ayuda necesaria para que él salga adelante. Mientras comían en un clásico restaurant italiano, hace su aparición Luciana, quien había roto su compromiso con Gianni, dado que éste enamoró a la hija de un político corrupto de Italia. Gracias a ello podría acceder a un nuevo status social y gozar de los privilegios que la vida tienen reservados solo para algunos.

La historia se vuelve a repetir, Antonio tenía la ilusión de poder comenzar nuevamente una historia con Luciana, pero en esta oportunidad, Nicola es el que ocupa el lugar de Gianni y vuelven a traicionar al bueno de Antonio.

Nuevamente las vidas de estos tres amigos y Luciana tomarán rumbos muy diferentes. Gianni logra casarse y tener hijos, pero nunca alcanza la felicidad; Nicola participa en un programa sobre cine, en el cual pasa de ser ídolo nacional y millonario, a no tener nada; Antonio sigue con su trabajo de enfermero, hasta que un buen día logra obtener un ascenso a Jefe de enfermería.

Scola logra rendir homenaje al cine italiano al incorporar al film imágenes de Ladrón de Bicicletas y a su director Vittorio de Sicca, confirmando la versión que Nicola daba en el concurso sobre cine. Otro de los guiños es cuando representa la filmación de otro de los clásicos, La dolce vita, con la aparición de Marcelo Mastroianni. Aquí vemos como Luciana consigue un papel pequeño en la película y se produce un nuevo encuentro con Antonio que termina tan mal como los anteriores.

Al paso de los años Antonio logró reencontrarse con el amor de su vida, Luciana. Finalmente, y luego de varios intentos, pudieron formar una familia. Pero la vida tendría reservado un nuevo encuentro entre los amigos. El viejo restaurante los había reunido nuevamente, la sorpresa de Antonio terminó de confirmar que sus vidas ya no eran las mismas, que habían tomado caminos distintos. El sueño de cambiar el mundo quedó en eso, simplemente un sueño, porque el mundo definitivamente los cambió a ellos. (4)




Las imágenes de este filme -que muestra el verdadero amor, en oposición al arribismo y al discurso inconsecuente- fluyen de manera notablemente artística, imposibles de plasmar con otro medio. De forma permanente se recurre al color, al lenguaje corporal (con fines humorísticos o de extremo dramatismo), y al cine dentro del cine. Incluso aparecen directores famosos como Federico Fellini y Vittorio De Sica, y una escena transcurre durante la filmación de La dolce vita. La historia cuenta de tres grandes amigos, quienes participaron de la resistencia italiana contra la Alemania nazi, y que terminan involucrándose con una misma mujer. Por supuesto, ello conlleva a la destrucción de su amistad, pero también reafirma el carácter y valores de cada uno. El más querible de todos los personajes es justamente quien es más azotado, y sorprende la manera de cómo siempre se toma la vida con complacencia y humor. Los otros, con o sin la dama de sus sueños, se dejan llevar por sus lados más negativos, e incluso uno de ellos, despreciables. Sin ser necesariamente una película de crítica social, hace hincapié en cómo el estatus económico -o más bien, la búsqueda de éste- puede cambiar a las personas. Y no es que se tenga simpatía por la humildad y la pobreza y desprecio por la riqueza. Más bien se presenta la forma en que esta última se busca, incluso en desmedro de los sueños más apreciados, y -en este caso- el de quedarse o no con la mujer amada. Un clásico imperdible. (5)




CITAS:
1.- www.filmaffinity.com/es/film303070.html -
 


1 comentario:

  1. Excelente comentario. Lo suscribo. Sólo quisiera añadir que Gianni nunca olvidó al amor de su vida, Luciana (nunca estuvo enamorado de Elide). En la escena de espera para matricular a sus hijos en el colegio, le dice que nunca la olvidó, y le pregunta si recuerda lo de la pensión Friuli. Ella lo piensa, no recuerda, y luego dice, "Aaaah, la pensión Friuli" Y posteriormente, le dice respecto a lo que él le señaló, "nunca te olvidé": "pero yo no". Terrible. La esperanza que mantuvo en pie a Gianni toda su vida de magnate, nunca existió. Terrible. Una película TOTAL. La mejor que he visto, mi favorita. Todos los aspectos humanos están ahí.

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