ROMA

1.- FEDERICO FELLINI

Federico Fellini nació en Rímini, en el norte de Italia, y sus orígenes provincianos, así como los recuerdos de esa infancia y adolescencia vividas en la pequeña población norteña, fueron a menudo reflejados en sus películas, cuya mejor muestra la configura la loada Amarcord (1973), de la cual, dicho sea de paso, se pueden encontrar claros signos premonitorios en Roma. Fellini partió hacia la capital en el año 1938, iniciando sus primeros contactos con el mundo cinematográfico a través de su trabajo como periodista para la publicación Cinemagazzino, hecho que propició que conociera en Cineccità a Roberto Rosssellini, para el cual trabajaría como ayudante en la maravillosa Roma città aperta (1945). Fellini plasmó en numerosas de sus películas rasgos autobiográficos, sobre todo a partir de 8 1/2 (1963), obra considerada, junto a la genial La Dolce Vita (1960) como el film fronterizo entre un primer período más ligado a la influencia del neorrealismo, con obras culminantes como La Strada (1954) y Le Notti di Cabiria (Las noches de Cabiria, 1957) y una segunda etapa mucho más introspectiva y personal, y por ello también menos comprendida y celebrada tanto por la crítica como por el público. Las alusiones autobiográficas son constantes en este segundo período creativo, aunque ya fueron anunciadas en los personajes y experiencias vitales y existenciales del periodista Marcello Rubini de La Dolce Vita y sobretodo del Guido Anselmi de 8½ , ambos considerados como una especie de alter ego del director italiano.


2.- ROMA", DE FEDERICO FELLINI




"Fellini's Roma", su título inglés, indica sin rodeos de qué trata la película: la visión personal, personalísima, que el director tiene de la ciudad de Roma.

3.- FICHA TÉCNICA


Título Roma

Dirección Federico Fellini

Producción Turi Vasile

Guion Federico Fellini,, Bernardino Zapponi

Música Nino Rota

Sonido Renato Cadueri

Fotografía Giuseppe Rotunno

Montaje Ruggero Mastroianni

Escenografía Danilo Donati

Vestuario Danilo Donati

Efectos especiales Adriano Pischiutta

Reparto Peter Gonzales, Fiona Florence, Britta Barnes, Pia De Doses, Marne Maitland, Renato Giovannoli, Elisa Mainardi, Paule Raout, Galliano Sbarra, Paola Natale, Marcelle Ginette Bron, Mario Del Vago, Alfredo Adami, Stefano Mayore, Dante Cleri (no acreditado), Angela De Leo (no acreditada), Federico Fellini (no acreditado), Libero Frissi (no acreditado), Norma Giacchero (no acreditada), Gudrun Mardou Khiess (no acreditado), John Francis Lane (no acreditado), Anna Magnani (no acreditada), Marcello Mastroianni (no acreditado, Mimmo Poli (no acreditado), iovanni Serboli (no acreditado), Alberto Sordi (no acreditado), Gore Vidal (no acreditado), Alvaro Vitali (no acreditado), Renato Zero (no acreditado), rancesco Di Giacomo (no acreditado)

País(es) Italia

Año 1972 

Género Comedia

Duración 128 minutos

Productora Ultra Film, Les Productions Artistes Associés




4.- COMENTARIOS:

Comienza con la idealización del niño que escucha en la escuela hablar de historia antigua, del pasado de esplendor imperial, legendario: las frases de Julio Cesar, el mito fundacional de la loba que amamanta a Romulo y Remo (importante imagen felliniana). La familia entera que acude al cine (incluida la doméstica) y un plano contrapicado de la pantalla de cine vista desde la primera fila: cuando eramos niños la pantalla nos parecía aún más grande, colosal, y teníamos tendencia a colocarnos en las primeras filas: ahora nos costaría una tortícolis.

El primer viaje a Roma en los albores de la segunda guerra mundial, sitúa el centro de la nostalgia del director, los años felices del descubrimiento de la ciudad. La llegada en tren. La pensión llena de personajes estrambóticos. La cena en la calle entre vecinos, llena de gritos y algarabía: la alegría de vivir. Como colofón a este pasaje, una prostituta gorda entre las ruinas de los arrabales de la ciudad, señal de la perdida de la virginidad, de la inocencia.

La trama salta al momento del retorno a la ciudad treinta años después, la época actual para el año de realización de la película. En estilo documental, aparece el propio director, se accede a Roma por una autopista abarrotada, entre campos poblados de grúas y edificios en construcción. La lluvia, el humo, el barro, hacen que parezca un territorio de guerra, una advertencía al viajero que se adentra en terreno peligroso. Se puede interpretar como una dura crítica al crecimiento urbano caótico y esto quedará aún más patente cuando la cámara se introduzca en las obras del Metro, símbolo de la profanación de las raíces de Roma, de sus entrañas. Los obreros toparán con una antigua casa romana enterrada, un auténtico tesoro arqueológico con paredes llenas de magníficos frescos que se verán estropeados por el aire del exterior: la modernidad que rompe con la cultura tradicional, que no respeta las convenciones del pasado.

Tantas imágenes que merecen por si mismas una reflexión: el vodevil y sus actores aficionados y el público con su guirigay de gallinero; los ligues en el refugio antiaéreo; los burdeles para soldados de permiso que parecen manicomios y las casas de citas para generales y ministros, entre oropeles y terciopelo rojo; la decadencia de la aristocracia romana y el poder eclesiástico, Roma eterna, los auténticos reyes de Italia. Mención aparte merece el desfile de moda religiosa y su espectacular puesta en escena, la escena más característica de esta película: los curas en patines alcanzan antes la salvación: el mundo moderno debe adaptarse a la Iglesia, no al revés.

La riqueza inmensa de un cine extraordinario, audaz, lleno de sentido del humor y de simbolismo, sirve al director para enaltecer el pasado, su pasado, y mostrar su desilusión por el presente, su presente también ya que la película es del año 1972 y ahora los cosas son distintas. O no.(1)




Roma (también conocida en castellano como Roma de Fellini) es una película de 1972 dirigida por Federico Fellini, presentada fuera de concurso en el XXV Festival de Cine de Cannes.1

La película es un retrato rápido y visionario de Roma a través de los recuerdos de un joven de provincias que llega a la estación de Termini, poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Roma se nos muestra como realidad multiforme, interminable y contradictoria a través de una serie de escenas y personajes heterogéneos: desde un desfile de moda eclesiástica a la recreación de los prostíbulos, desde los enfrentamientos con la policía hasta el atasco en el Grande Raccordo Anulare, con un estilo que pasa del lirismo a la sátira, de la nostalgia a lo truculento sin solución de continuidad.

Entre las diversas escenas no existe nexo narrativo alguno, sólo la memoria y la voluntad de recuerdo del director — se pasa de un tema a otro sin transición.

La banda sonora de la película, compuesta por Nino Rota y dirigida por Carlo Savina, fue originariamente comercializada sólo en los Estados Unidos; el disco fue un 33 rpm United Artists UA-LA052-F, en que el nombre de Savina aparecía cambiado por error por el de «Savino», y con el subtítulo de «The Fall of Roman Empire 1931–1972».


Versiones

• La película se estrenó en el cine Barberini de Roma el 18 de marzo de 1972, con una duración de alrededor de 130 minutos.

En mayo, fue presentada internacionalmente en el Festival de Cine de Cannes, fuera de concurso, el 15 de dicho mes de 1972.1 Para la presentación en el mercado extranjero Fellini, de acuerdo con el productor de la película y Bernardino Zapponi, decidió reducir la película a cerca de 115 minutos. Los cortes, efectuados de manera independiente y sin intervención por parte de la censura cinematográfica, que ya había dado luz verde a la película, con la prohibición para los menores de 14 años, sólo afectaron a algunas secciones de la película, mientras que otras quedaron intactas.

Las secciones de la película modificadas fueron las siguientes:

• La llegada a Roma: falta completamente una secuencia cómica en el interior del tranvía, tomada de una tira cómica publicada en la revista satírica para jóvenes Marc'Aurelio (escena 5);

• La llegada a la casa de los Palletta ha sido abreviada, careciendo del final originario con algunos diálogos entre la sirvienta y el joven Fellini, en la habitación de este último mientras deshace el equipaje (escena 6) y la imagen cenital de un cine de verano visto por el protagonista (escena 7, suprimida completamente);

• Villa Borghese: el diálogo entre los jóvenes universitarios y Fellini ha sido reducido y vuelto a montar de nuevo de un modo diferente;

• Teatrito de la Barafonda: falta completamente el número del cómico que precede a la actuación de Alvaro Vitali (imitación de Fred Astaire);

• Los burdeles: aligeramiento de pequeñas partes relativas al burdel «económico» (escenas 4 y 6);

• El desfile de moda eclesiástica: tres cortes, en el modelo nº 4 «Hermana misionera» y en otros dos momentos en los que aparecen, en uno, una mano y una máscara de metal, y en el otro, un modelo para un obispo. Falta también un diálogo entre los que asistentes al desfile. Los cortes resultan más bien evidentes dado que, en las imágenes conservadas, puede verse cómo se aleja en la distancia el modelo nº 4, y por los saltos bruscos en la banda sonora;

• Fiesta de Noantri: han sido eliminados por completo las intervenciones de Marcello Mastroianni y Alberto Sordi;

• Motoristas: faltan algunos de los monumentos filmados.

La versión completa de la película, curiosamente, no se ha convertido en la «oficial» porque en todos los soportes para la venta, en DVD y VHS, se grabó la versión corta para el mercado exterior; se trata también de la misma versión que se suele pasar por televisión. La única vez que se comercializó la versión larga fue en 1989, en un VHS de DeltaVideo, agotado desde hace años.

Galardones

• Festival de Cannes 1972: Gran Premio de la Técnica cinematográfica

• Premio della critica SFCC (Le Syndicat Français de la Critique de Cinéma) a la mejor película extranjera.



La desmesura, pero también la fascinación, el asombro, el guiño, el revulsivo de la imagen, la fuerza onírica de los sueños filmados, la crítica esperpéntica, la sutileza inteligente y a veces poética, la grosería con letra gorda, el escándalo, el sexo más o menos evidente, el enorme erotismo de la exageración, el reflejo de cientos de años de represión, la mirada feroz de un hombre irónico y descreído que ha sufrido décadas de influencia religiosa, la Iglesia como objetivo de un misil nuclear en la mirada sin contención, la sarcástica y vitriólica chanza contra los eclesiásticos, contra la hipocresía de una moral supuesta y contra la maldad de los vicios ocultos y públicas virtudes.

Todo eso, pero engrandecido, hinchado, profundamente humano, demasiado humano a la postre, es Fellini. La desmesura. Y "Roma" es el epítome de esa desmesura. Pero hay en ella imágenes que quedan para la memoria: las catacumbas encontradas cuando se perfora el subsuelo para hecer el metro y esa secuencia imborrable del aire del exterior que al entrar en un recinto sellado durante siglos va destrozando gradual y progresivamente todos los frescos maravillosos de la villa romana hallada.

Y para terminar, el caótico, avasallador, imponente atasco en la entrada de Roma del equipo de rodaje, carros, un caballo espantado, tanques, camiones de mudanza con gente jugando a las cartas en su interior a la luz de las velas, un accidente con un camión volcado, sirenas de policía y ambulancias, bocinazos y una lluvia empapándolo todo de reflejos y de aires de pesadilla.

Las dos historias que se nos cuentan , la del niño Fellini en un pueblo del norte del país evocando la Roma imperial, fascista, lejana como un sueño y la Roma de los setenta, caótica,. imprevisible, viciosa, bullanguera y aún así habitable, aunque no tanto como la "otra" Roma, la de los recuerdos del Fellini joven provinciano llegando entren a la ciudad para iniciar su carrera, la pensión, las gentes, las comidas pantagruélicas en plena calle en las terrazas de los bares y restaurantes, el sexo de los burdeles, el anuncio del fascismo que triunfa.

Es una película se debe ver como lo que es, un híbrido entre reportaje critico y zumbón y una suerte de "Amarcord" (Me acuerdo") fellinesco que nos deja la miel en los labios para volver a la Roma inexpresable y algo histérica de los setenta, con sus legiones de hippies ocupando la Piazza de España, los jóvenes airados pidiéndole mensaje político a Fellini en su película o la desmesura bufonesca del desfile de modas eclesiástica con los inamovibles nobles romanos, al que la Iglesia da su protección e inocula el inmovilismo y la decrepita decadencia.

Bella, irritante, absurda, poética y vulgar, un esperpento con aires de trasvestismo y ambiciones líricas, en realidad una provocación de ese gran falsario, genial embaucador que fue Federico Fellini.(3)

He visto todas las películas de Federico Fellini por su extraordinaria habilidad de contar historias fílmicas desde una óptica diferente. El director tuvo la gran capacidad de desarrollar un cine arraigado en la crítica social, la estética del circo y la imaginación surrealista.




Recuerdo haber visto, en su estreno, la película “Roma”,1972, interpretada por Federico Fellini, Norma Giacchero, Anna Magnani, Marcelo Mastroianni y Alberto Sordi y no me olvido de la secuencia de un desfile eclesiástico insuperable, quizás lo mejor de todos sus films, por su imaginación crítica para recrear una situación onírica, un retrato con visos de realidad. La música es de Nino Rota.

Recordemos ahora ese lúcido y loco ejercicio de representación simbólica en un desfile muy original: la moda de la iglesia, ignorando todas las convenciones

Alguna vez Fellini dijo: “el negocio del cine es macabro, grotesco: es una mezcla de partido de fútbol y de burdel”. Para entender su pensamiento fílmico. .(4)



La película de Fellini expresa una visión de Roma que mezcla las impresiones actuales de la arquitectura de la ciudad, el bullicio, el tráfico, la velocidad, con recuerdos de juventud del propio Fellini y con muchas fantasías que satirizan algunos aspectos de la ciudad, como el famoso desfile de modas eclesiástico.

La película no tiene una trama lineal, comprensible. Es más bien un collage que mezcla la realidad, la historia, las fantasías oníricas, los recuerdos juveniles del director. Es como todas las películas de Fellini: intimistas, personales, autobiográficas.

Su expresión rompe con el relato tradicional, no hay un héroe, no hay enseñanza o moraleja, no hay una historia. Se muestra en fragmentos significativos sin continuidad. Se podría decir que es una serie de ensoñaciones sobre Roma mostrados como lo hace nuestro pensamiento holográfico, en el cual todos los puntos están conectados independientemente del tiempo y el espacio.

Y es una visión comprometida de la ciudad, no solo los aspectos “objetivos” su arquitectura, el tráfico, el bullicio, la historia precedente, sino también lo “subjetivo”: valoraciones, fantasías, impresiones, sueños, críticas.

«A mi Roma me gusta mucho. Es una especie de jungla, cálida, misteriosa, donde uno puede esconderse...»

Pero el cine de Fellini, más que permitir un hallazgo de experiencias vividas por el director y posteriormente plasmadas en la pantalla, se puede entender como una suerte de herramienta maravillosa que permitió al realizador reflexionar sobre los temas y aspectos de la vida que más le conmovieron o interesaron. Sus películas, sobre todo las de esta segunda etapa, pese a estar plagadas de elementos que podría parecer que remiten en mayor o menor medida a situaciones vividas, son más bien oportunidades ofrecidas al realizador para exponer sus pensamientos más profundos sobre su vida y su entorno. Así, por ejemplo, son más que conocidas las alusiones reiteradas en su cine al mundo y a la imaginería del circo, mundo que Fellini afirmó abiertamente no conocer en profundidad pero sí en esencia, puesto que despertó en él desde su más tierna infancia una fascinación y una embriaguez que lo hacía sentir como suyo, como si realmente le perteneciera. La vida circense podía equipararse muy bien, según palabras del mismo Fellini al trabajo del cineasta, del mismo modo que Roma podía muy bien funcionar como la Rímini tantas veces añorada y rememorada.

Roma comienza con el plano de una roca en una carretera en la que hay indicada la distancia hacia la capital desde Rímini, exactamente 340 km.. Ésa es para el realizador la primera imagen que recuerda sobre la ciudad. A partir de ahí, la película se desarrolla en diferentes bloques alternados entre ellos, articulados mediante una voz en off que pretendidamente es la del mismo director (de hecho la voz la puso el cómico y transformista Aghiero Noschese) y que alterna los recuerdos del realizador sobre su infancia y adolescencia en el pueblo con las experiencias vividas de joven a su llegada a la capital y con las escenas del presente en los años setenta en las que, en una especie de diario de filmación, se reconstruye la vida y el trabajo del director durante el rodaje del film. Esta utilización del recurso del metacine no era nueva en la filmografía de Fellini, ni se agotaría con este film. De ello dan muestra no sólo la obviedad en el oficio y las vivencias del protagonista de 8 y 1/2, sino también la presencia del cine en numerosas escenas de sus películas, como en el flirteo de Fausto en la sala oscura con una desconocida en Il Vitelloni (Los inútiles, 1953), las fantasías con la Gradisca en Amarcord, o el delicioso final de E la Nave va... (1983), en el que la ficción se desenmascara para mostrar ante un perplejo espectador el equipo de rodaje y los decorados.


Roma se configura como un collage a medio camino entre el documental y la ficción sobre la visión que Fellini tenía de la ciudad. La capital debió ser para el joven director la puerta de escape a una vida provinciana de burgués acomodado, vida que muy probablemente se podría haber asemejado a la de los protagonistas de Il Vitelloni , y que, como le sucedía al joven Alberto en ese film, quien huía al final en tren hacia Roma, decidió el director cambiar por otra muy diferente en la ciudad. El retrato que realiza Fellini de Roma es muy personal y del todo parcial, opuesto y lejano a la falsa objetividad que unos estudiantes le solicitan al autor, mientras en una escena del film están rodando en Villa Borghese. Los jóvenes le preguntan a Fellini por qué no se sirve de su película para denunciar sus problemas y preocupaciones. El director evade la cuestión un tanto incómodo, simplemente no le interesa, su intención es mostrar una Roma totalmente personal y alejada de cualquier intencionalidad política o social. La mirada de Fellini hacia la ciudad es una mirada cargada de nostalgia y de cariño, Roma es analizada como si de un pueblo se tratase, con su gente y sus calles, sus costumbres y rituales. Muestra de ello son la escena de las familias cenando en la calle que acogen e invitan amablemente al joven Fellini, o la secuencia preferida por el director, la fiesta de Noantri en el Trastevere, en la que gente de todo tipo de reúne para la celebración. Entre ellos se encuentra el escritor americano Gore Vidal, quien expone los motivos por los cuales vive en Roma. Para él Roma es la ciudad del cine, de la Iglesia, del Gobierno, elementos todos ellos que tratan sobre lo mismo: la ilusión.


La visión mitificada de la Roma Imperial propagada hasta la saciedad por la educación fascista y religiosa que vivió Fellini es evocada por éste en las escenas relativas a su infancia en Rímini. De entre ellas, destaca el pase de diapositivas en la escuela, en el que entre los monumentos e iglesias romanos se cuela una culonna espectacular que provoca el algarabío y la revolución entre los chiquillos, la escenificación en el teatro de la muerte de Julio César, o las escenas en el cine, en las que una familia en pleno asiste boquiabierta a la representación de los peplums de la época. Se trata de una Roma ya muerta aunque no olvidada, cuyo recuerdo se muestra en los cadáveres de los edificios, los cuales se asemejan con la iluminación nocturna a calaveras con las cuencas vacías, y que son bellamente llevados a la pantalla en la secuencia final del film, en la que, como si de un tour turístico se tratase, se acompaña la invasión de unos motoristas durante la noche por las calles desiertas de la ciudad, contraponiendo así de manera poética y bellísima el presente con el pasado. Roma es una película sobre el paso del tiempo, sobre la presencia inmediata e irremediable de la muerte en la realidad. Esta muerte, la commare seca para los romanos, no sólo es evocada en la arquitectura de los edificios o en las ruinas encontradas por las excavadoras del metro, los frescos de una casa romana de más de dos mil años que son erosionados y tristemente borrados por la irrupción del aire nocivo de las obras en las estancias antiguas - qué bella es esta escena, y qué genial el guiño felliniano de dibujar entre los rostros pictóricos el de uno de los trabajadores de las obras, quien extrañamente comienza a encontrarse mal en el momento de la profanación de la estancia-, la muerte está presente en muchos momentos del film, de manera especial en la que es sin duda la secuencia magna de la película, el más que recordado y discutido desfile de trajes religiosos en el palacio de la condesa Domitilla. La secuencia se inicia con una alusión directa al paso del tiempo, el desenpolvamiento de los retratos de personalidades eclesiásticas del pasado. Estos retratos son colgados en una gran estancia, en la que se va a desarrollar un acto tan extraño como divertido. La condesa ha invitado a un cardenal y a numerosas personalidades de la Iglesia a asistir a un desfile de modas de trajes eclesiásticos. Ante los espectadores (los retratados y los presentes), van apareciendo modelos cada vez más sofisticados e irrisorios, que dan muestra de uno de los intereses frecuentes en Fellini: mostrar la contradicción que se establece entre los principios ideológicos y dogmáticos propagados por la Iglesia, y la sofisticada parafernalia de lujo y fastuosidad con la que la misma se ha envuelto a través de los años. Como culminación de esta exagerada sátira felliniana, el personaje del Papa aparece como si de una divinidad se tratase, envuelto de blanco y oro y provocando el éxtasis entre los presentes, de manera muy especial en la condesa Domitilla. Ésta mujer, madura y estropeada por los años, dista mucho de parecerse a las típicas donnas fellinianas, voluptuosas y bellísimas como la diosa-Silvia de La Dolce Vita, o la Suzy de Giulietta de los espíritus(1965). En Roma, las mujeres son en casi todos los casos señoras ya maduras, erosionadas ellas también por el tiempo, como las prostitutas que frecuentaba de joven el director o las turistas que se hacen fotos en Villa Borghese. Como excepciones, claro está, para no contrariar el gusto manifiesto del realizador, están las que mantienen alguna aventura con él, como la bella prostituta disfrazada de Maciste o la cantante rusa del refugio.

Fellini busca en el film un símbolo que ejemplifique lo que significa Roma para él, y cree encontrarlo en la mismísima Anna Magnani, seguida e importunada por el realizador a la puerta de su casa, y que se niega cansinamente a contestar a las preguntas del director. Fellini manifiesta que la actriz puede simbolizar su imagen de la ciudad, simbiosis perfecta entre una virgen vestal y una loba, entre una aristócrata y una prostituta. Ciertamente, para el realizador Roma evoca la imagen de una madre, como la loba mitológica fundadora de la ciudad, figura aludida en diversas ocasiones a lo largo del film, en especial en el personaje de la matrona de la pensión, que acoge en sus brazos al hijo que necesita el calor de su inmenso cuerpo, o las sombras de los perros en las solitarias calles nocturnas, como espíritu perenne de la presencia de esa madre que amamanta a sus habitantes. Roma, distante y cercana para Fellini, familiar y extraña a partes iguales, en la que el director se siente como en su casa pero a la que no puede acceder fácilmente y de la que no consigue desentrañar su esencia verdadera. Como metáfora de este difícil acceso, la dificultosa entrada a la urbe por el nudo de autovías y autopistas que rodean la ciudad, los anillos de Saturno como los denominaba el director, figura extraña y curiosa ésta, puesto que este dios acabó por devorar a sus hijos.(5)

CITAS.

1.- http://licantropunk.blogspot.com/2007/08/roma-de-federico-fellini.html


2.- http://es.wikipedia.org/wiki/Roma_(pel%C3%ADcula_de_1972)

3.- http://www.nullediesinelinea.es/article-roma-de-fellini-84863373.html

4.- http://cineojo.blogspot.com/2007/11/roma-de-fellini.html

5.- http://arquicine-agus.blogspot.com/2010/02/roma-fellini.html

Comentarios

Entradas populares de este blog

EL DECAMERON

NOS HABIAMOS AMADO TANTO

LA LUNA