martes, 8 de noviembre de 2011

LA LUNA




LA LUNA

BERNARDO BERTOLUCCI




FICHA TÉCNICA

Título Original: La Luna, 1979, Italia

Dirección: Bernardo Bertolucci

Intérpretes: Jill Clayburgh, Rodolfo Lodi, Pippo Campanini, Stéphane Barat, Peter Eyre, Carlo Verdone, Roberto Benigni, Franco Citti, Elisabetta Campeti,

Alida Valli, Fred Gwynne, Renato Salvatori, Veronica Lazar, Matthew Barry, Shara Di Nepi

Duración: 2 hora 17 minutos




ARGUMENTO

Una de las grandes películas de Bernardo Bertolucci que causó gran polémica en su estreno.

Cuando la vida de Caterina, una famosa cantante de ópera norteamericana que, ante la repentina muerte de su marido, tiene que llevarse a su hijo a una gira, que no ha podido aplazar, por Italia.

A partir de este momento, entre madre e hijo, se inicia una relación crecientemente incestuosa al mismo tiempo que el joven va introduciéndose en el mundo de la heroína.(1)




La filmografía de Bernardo Bertolucci es muy irregular, no sólo por la calidad y éxito de la misma, sino por las temáticas abordadas y esa necesidad ya obsesiva, de producir films de paquidérmica duración y lentísima trama que colman el tedio y la abulia.

Sus últimos intentos han sido fracasos rotundos.

Aquí les traigo un corte de su film La Luna, de 1979. Esta película fue censurada en muchísimos países por su temática incestuosa y en especial por una escena donde madre e hijo se sacan las ganas.

La película, de dos horas y media de duración, relata una trama tortuosa y muy dramática de una cantante de ópera que intenta rescatar a su joven hijo del consumo de heroína. La censura con el tiempo finalmente admitió este film pero con algunos cortes.

La verdad es que en dos horas y media de bostezos y aburrimiento, es poco el morbo y erotismo: una breve escena de Jill Clayburgh (como la madre) desnudándose para tomar un baño, tres besos profundos con su hijo y la escena que aquí les traigo, sin cortes. Bertolucci venía entonado con su Ultimo Tango en París y la escena de la mantequita.(2)



Freud dice que el niño no necesita ver el coito de los padres, ya que le es suficiente, y al mismo tiempo inevitable, imaginarlo. Recordando dónde estaban ubicados los cuartos de la casa donde vivía de niño, y conociendo el pudor insano de mi padre, creo haber vivido una escena imaginada y no real. Mi cine ha estado muy determinado, y en algún sentido modelado, por este recuerdo imaginario (Bertolucci)

La luna (1979), de Bernardo Bertolucci, narra la historia de una relación crecientemente incestuosa entre una exitosa cantante estadounidense de ópera y su hijo adolescente que, aproblemado por la ausencia de su padre, se va haciendo adicto a la heroína. En esta nota, analizaré el complejo de Edipo a través de Joe, personaje que desarrolla una relación incestuosa con Catherina, su madre

Durante la trama de la película, asistimos a la exposición del drama edípico que protagonizan Joe, la madre y el padre, éste último ausente la mayor parte del tiempo. Pero este drama edípico tiene una evolución: aparición, desarrollo y desenlace o superación que culmina con la ubicación, en el lugar que le corresponde, a Joe, personaje que protagoniza este drama; ubicación que le es puesta de manera violenta por el padre (de un cachetazo). Pero veamos cuáles son los momentos de la evolución del drama edípico puestos en escena en la cinta La luna.

La primera etapa corresponde a la infancia del sujeto con la madre. El sujeto entra en contacto con la realidad circundante (objetos, ambiente, personas) de la cual tiene una imagen difusa; etapa a la cual Lacan denomina estadio del espejo (6 a 18 meses), caracterizada por esta visión fragmentada de la realidad que tiene el sujeto antes de la aparición de este estadio. El niño tiene como primer objeto de deseo a su madre, la tiene cerca, pero la figura del padre surge como rival. Él es quien se la arrebata. El trauma que provoca en el niño contemplar las relaciones sexuales de sus padres, las cuales interpreta como lucha, son representadas en la cinta como el baile al ritmo de twist, el padre con el cuchillo y el pescado; el niño siente que su madre sufre y llora. Se refugia en la abuela y debe dejar a su propia madre disfrutar del padre rival. Aparece el drama edípico en su fase inicial.

La segunda etapa corresponde a la muerte del padre. Joe está en la edad de transición entre la pubertad y la adolescencia. En este periodo el sujeto ve acentuadas sus contradicciones, conflictos de identificación y busca acercarse efectivamente y sin enfrentamientos tanto al padre como a la madre. Ella, en tanto objeto de deseo, ya no está tan cerca como en la infancia; padre y madre se deben mutuas obligaciones y Joe intenta encajar en ellas: viajar con la madre, reemplazar al padre en sus actividades de manera eficiente, etc., con lo cual obtiene la negativa de la madre. Explicación importante: el padre es insustituible en su función, el hijo no puede aspirar a usurpar ese lugar. El camino hacia la segunda muerte del madre es duro. La desaparición del padre no ayuda a Joe a superar el drama, sino que lo lleva a una intensa búsqueda de la imagen paterna, tormentosa hasta derivar en la adicción a la heroína y a relaciones incestuosas debido a su vacío existencial.

La tercera etapa se podría llamar de unión con la madre. El padre difunto ya no es obstáculo para Joe quien tiene el campo libre y, en ese propósito, la madre lo eleva de categoría. Es la etapa más sustancial de la película donde tienen lugar las experiencias más interesantes y radicales, por no decir, inesperadas. La madre quiere hacer de Joe un hombre, pero Joe es un niño-hombre u hombre-niño amorfo que sigue en intensa búsqueda de su referente paterno. Tenemos desde el consumo de drogas, el asentimiento de la madre ante la impotencia de no poder evitarlo, el hijo-padre que no encuentra su lugar y que los quiere encontrar reemplazando al padre, lo cual lo conduce a una relación incestuosa con su madre: ésta lo cela cual pareja de enamorados y obtiene la confirmación de su propósito con la reacción de Joe quien golpea los platos con los cubiertos, actitud infantil, el niño cree mandar con solo gritar. Esto significa una regresión hacia los estadios donde disfrutaba de la madre. Pero el desengaño es inevitable porque Catherina no puede hacer de Joe un hombre ya que él es aún un niño-hombre a la deriva.

La última etapa es la del descubrimiento del padre o superación del complejo de Edipo. Joe descubre a su verdadero padre e increpa el porqué su madre se lo había ocultado. Está cerca del padre que siempre buscó y obtiene de él una actitud que nunca había recibido. Es el padre verdadero, el padre nunca deja de ser padre, autoridad, quien devuelve de un cachetazo a Joe al lugar que le corresponde, y éste lejos de rechazarlo, pareciera que se lo agradeciera. Él nunca tuvo el referente masculino de autoridad y determinación de límites; por el contrario, lo único que obtuvo de su madre fueron contemplaciones, permisividad, que finalmente no lo ayudaron a superar su problema.


Esto en cuanto a las partes claves en el desarrollo de la película. Explicaré a continuación el simbolismo de la luna. Luna y madre son, a mi parecer, aquí símbolos análogos, cumplen los mismo roles, más allá de los significados que histórica y antropológicamente poseen. La película abre y cierra con la luna; ésta es funcionalmente como la madre que primero es la mujer maternal (Joe bebé y su madre paseando en bicicleta a la luz de la luna); la madre inquisidora (Joe y Ariadna en el cine, el techo se abre y ven la luna; Joe se tiene que retirar); y finalmente, la madre reveladora del padre o la madre que une (escena final, padre, madre e hijo y sobre ellos la luna).

Tales son, entonces, las posibles conclusiones respecto a la cinta de Bertolucci que, de manera muy explícita, nos muestra el drama edípico acentuado por la ausencia del padre y la analogía del simbolismo lunar con la madre.(3)





Películas como El conformista (1970), Último tango en París (1972) y Novecento (1976) han procurado a Bernardo Bertolucci (Parma, 1941) un lugar destacado en el Olimpo de los directores del cine contemporáneo. Cineasta controvertido, despreciado y censurado por aquellos que no toleran los exabruptos morales, respetado por quienes aprecian la verdad en su totalidad, desnuda y sin miramientos, y amado por su sensibilidad estética y la capacidad simbólica de su cámara, Bertolucci ha sido galardonado con el premio honorífico en la 64ª edición del Festival de Cannes.

La luna (1979) es sin duda uno de sus retratos más intimistas, en el que nos muestra sin paliativos la poco convencional relación entre una madre viuda y su hijo adolescente, un vínculo construido sobre una dependencia afectiva que va más allá de los patrones habituales.


Un drama edípico

La luna aparece dos años después del rodaje de Novecento, la que ha sido la producción más ambiciosa del director: un film sobre la lucha de clases que transcurre durante la convulsa primera mitad del siglo XX en Italia, y en el que cuenta con las impecables actuaciones de De Niro y Depardieu. Quizá Bertolucci, tras finalizar este macroproyecto y comprobar que la distribución de la cinta no alcanzaba los niveles previstos (el mensaje revolucionario creó reticencia entre los estadounidenses), quiso apostar por temáticas más acotadas.

Así, La luna se concentra en la particular relación entre Caterina (Jill Clayburgh), una famosa cantante de ópera que lleva al extremo su pasión profesional y narcisismo artístico, y su conflictivo hijo Joe (Mathew Barry), adolescente sumido en una profunda crisis existencial por la ausencia paterna y una madre intermitente. Tras la inesperada muerte del marido de la cantante, madre e hijo viajan a Italia, donde la cantante tiene prevista una ajetreada gira. Este viaje funciona en la película como un punto de inflexión a partir del cual los hechos comienzan a precipitarse.

Censurada en muchos países por su temática de droga e incesto, la cinta nos presenta a una mujer que, aturdida tras descubrir la adicción de su hijo, trata de llegar a él como sea, llegando incluso a traicionar su instinto de protección maternal para poder librarlo del sufrimiento más inmediato. Quizá guiada por ese impulso, paradójicamente natural, permitirá también que el afecto entre ambos se desvirtúe transformándose en una relación incestuosa. Un comportamiento que nace del afán por procurar a su hijo el amor y cobijo que no supo darle en los años anteriores; aunque en ocasiones lo utilice como una suerte de embrujo con el que manipular al adolescente.


(a) La simbología de mano de la música

Ya desde la primera escena, nos envuelve la fuerza visual de Bertolucci: la luz del Mediterráneo, una casa en la playa, una joven pareja que baila feliz y despreocupada mientras su hijo llora desconsolado. Con este lienzo el director sienta las bases que ayudarán a comprender la evolución de los personajes.

Bertolucci navega en este film sobre planos llenos de belleza, combinando la enorme intuición estética que lo caracteriza con la majestuosidad de Verdi, enlazando sus grandes óperas a diferentes clímax de la historia. De esta forma, La Traviata nos hará acompañar a Caterina entre las calles de Parma en la búsqueda de una identidad perdida: Jill Clayburgh en una conmovedora puesta en escena se mostrará, tal y como la Violetta del compositor italiano, extraviada y asustada.

Será también una ópera, pero esta vez de Mozart, la que actuará como catalizador para que Caterina redescubra la importancia de la música en su vida (a la que había renunciado por culparla en parte del distanciamiento con su hijo): sucederá cuando acuda a visitar a su viejo profesor de canto, quien entonará un fragmento de Così Fan Tutte, el mismo que ella cantaba a su hijo a modo de nana.

De la mano de Verdi nos acercaremos al desenlace, en el que el director dará otra vuelta de tuerca en una escena teatral que resulta imprescindible para sellar la historia.


(b) Un pequeño e intenso reparto

Con un elenco reducido, Bertolucci logrará captar nuestra atención a lo largo de toda la película haciéndonos girar en torno a esta insólita relación filio-materna. Una impecable Jill Clayburgh, galardonada con el premio de Cannes a la mejor actriz por su papel en Una mujer descasada (1978), vestirá la piel de la endiosada diva de la ópera. Su magnífica habilidad camaleónica le permitirá encarnar a la perfección a una mujer inestable, capaz de las exaltaciones más estrafalarias y de los peores desalientos. El papel de Joe será interpretado por un desconocido Matthew Barry, que con tan sólo 16 años asombrará con su desarrollo de un personaje que viaja de la inocencia a la autodestrucción.

Aderezarán el reparto otros habituales del director como Veronica Lazar, Alida Valli o Laura Betti, un consolidado Tomas Millian y un todavía desconocido Roberto Benigni en una cortísima, pero cómica intervención.

En esta película son muchos los guiños familiares, ya que incluso para las localizaciones se utilizaron espacios bien conocidos por el director: la casa de la playa y la mansión en la que madre e hijo viven en Roma son, respectivamente, lugar de descanso y residencia de Bertolucci, y la granja que aparece es la misma en la tenían lugar los encuentros y desencuentros de De Niro y Depardieu en Novecento.

Una vez más, este empático director de cine, capaz de transmitir emociones infinitas a través de imágenes y gestos de apariencia sencilla, nos mete de lleno en un particular microcosmos: el de una madre y un hijo unidos por una estrecha cuerda que alcanzará al espectador de forma inevitable.(4)


CITAS:
1.- http://www.vagos.es/showthread.php?t=107844


2.- http://elcuervolopez.blogspot.com/2008/03/la-luna-1979-escena-sexual-entre-madre.html

3.- http://naufragoaqp.blogspot.com/2008/03/el-complejo-edpico-en-la-luna-de.html

4.- http://leticiarodriguez.suite101.net/critica-de-la-luna-el-bertolucci-mas-polemico-a56293


2 comentarios:

  1. Hola!
    El link de la escena sexual no funciona. Podrias poner algun link para bajarla. Muchas Gracias

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